Ví el documental de Crucita y tenía un nudo en la garganta. Un nudo que no podía deshacer y que me atragantaba cada vez más, a medida que iba mirando su imagen inolvidable en la pantalla de aquel auditorio repleto de gente.
Núnca creí volver a saber de Crucita Medina y mucho menos en una cumbre de periodismo en Boston, a la que fuí invitada como conferencista.
Recuerdo haber contado su dramática historia en el año 2001 y esa historia causó gran conmoción en médicos de diferentes países, a tal punto que varios médicos norteamericanos se interesaron en su caso. Fue así como logramos, a través del programa para el que trabajo y gracias a las diligencias de la productora Mari V Brito, llevar a Crucita a los Estados Unidos para practicarle varias cirugías estéticas en su rostro, que no tenía ni siquiera pestañas. Crucita no podía llorar, ni siquiera dormir, porque no podía cerrar los ojos. Su vida había cambiado en un abrir y cerrar de ojos.
Un marido celoso se encargó de rociar su bello rostro con "ácido del diablo", convirtiendo la vida de aquella muchacha de sólo 19 años, en un gran infierno.
De un rostro bello Crucita había pasado a ser un monstruo, con un rostro totalmente deforme, y con un hijito pequeño, que no reconocía el rostro de su linda madre.
Cuando presentamos su historia en "Al Rojo Vivo", los médicos hicieron tres intervenciones quirúrgicas en el rostro deforme de Crucita, que ahora luce más fresca y mucho más segura de sí misma.
Allí, en ese auditorio en Boston, colocaron un trozo del documental "La Otra Cara de una Mujer" que recreará lo que ha sido su vida, y cómo ha podido sobreponerse a esta dura prueba de la vida.
En el documental, realizado por la periodista Mónica Gutiérrez, se ve a Crucita viviendo una nueva vida pues encontró el amor de un hombre y tras varias cirugías realizadas, su rostro, aunque todavía no deja de ser impresinante, se ve mucho mejor que hace algunos años, cuando la conocimos.
Allí en Boston, recibí humildemente el tributo y el aplauso que el público me dispensó por ayudar a Crucita a lograr el sueño de hacerce sus cirugías plásticas, para poder rehacer su vida.
yo estoy cada vez más convencida de que con esta carrera se puede ayudar mucho a la gente. Hoy, gracias a que contamos su historia la vida de Crucita a cambiado para siempre.