El accidente ocurrido en la carretera de Higüey-la Romana me ha hecho recordar la fatal coalición en la que mi madre quedó semi inválida para siempre. Igual que lo ocurrido en Higúey, dos autobuses (en uno viajaba mi madre) chocaron de frente en la carretera de Mao-Santiago Rodríguez.
Todo ocurrió porque un chofer de transporte público rebasó a otro, para tratar de llegar primero y abordar un pasajero. Mi bella y adorada madre, sólo tenía 40 años en ese entonces. Era la directora del Centro Universitario Regional del Noroeste (Curno) en mi pueblo, Santiago Rodríguez. Ella iba parada en el medio del autobus, mientras daba unas instrucciones a los profesores, que junto con ella, irían a Mao, a una actividad de la universidad.
Fue así como tras el fatal choque entre los dos autobuses, mi pobre madre salió disparada por los cristales delanteros del autobús. Es por eso que el fatal accidente de Higúey, en el que murieron 14 dominicanos y cuatro turistas italianas, me ha dejado sumamente triste.
Pienso en los muertos, en los heridos, en el macabro escenario de cabezas, brazos y piernas mutilados por todas partes en la escena del accidente. Fue algo terrible que reavivó el dolor que sentí el mismo día del accidente de mi madre: !fue tan parecido y todo por una imprudencia!
Hoy día, pido porque los conductores de autobuses, que casi siempre, lo hacen temerariamente, piensen un poco en las vidas inocentes que se llevan con sus malas actuaciones.
Ayer fue un día en que pensé en mi madre, que todavía está en cama, y un nudo cruel me aprisionó la garganta. Oremos por los muertos y por los heridos, que, como mi adorada madre, podrían quedar con lesiones permanentes.