Acabo de leer con asombro, no se si estoy muy atrasada, que Daniel Ortega, el presidente de Nicaragua está acusado de violación por su hijastra Soila América. El testimonio de la mujer de 30 años, y que según afirma, era violada desde los 11, deja pasmado a cualquiera: Ella comienza así su tétrica narración.
“Daniel Ortega se dirigía al cuarto donde me encontraba para arrecostarse en mi cama y rozarme con su pene partes de mi cuerpo… Yo resentí de mi madre su lealtad a mi agresor, yo sentía que siempre lo prefirió a él que a mí, sus atenciones y gestos de cariño siempre eran para mi agresor…
Cuando encontré a Daniel Ortega copulando con la empleada de la casa, no supe qué hacer, me sentí impactada, aturdida y bastante amenazada, pues las ofensas verbales fueron más frecuentes y chocantes para mí…” Es parte del crudo testimonio jurado en contra del padre adoptivo de Zoilamérica Narváez, el recién reelecto Presidente nicaragüense Daniel Ortega Saavedra.
Continúa el testimonio de la joven:
“El poder, que se aprovechó de la ingenuidad propia de mi niñez y adolescencia, estrenó en mí todos los instrumentos posibles de dominación: físicos, sicológicos, políticos, familiares y militares. En mi contra, se hizo uso de la autoridad, de la fuerza, de la destrucción, de la subjetividad, etc. Se me hizo daño desde el ejercicio del poder supremo de este país, desde una tribuna que hoy nos debe hacer reconocer que el ejercicio de la política debe estar marcado por un profundo sentido ético y humano. Quiero decir con ello, que no puede haber una proclama y un discurso. El viola a su hija con practicas degradantes y ella se pone de parte del violador, su marido. Él me inspiraba mucho miedo y no fui capaz de decirle a ella lo que estaba viviendo y sufriendo, pues no sabía si me creería.
Me empecé a sentir rechazada por mi madre, cuando por mi estado físico o conducta me ofendía, recriminando mi "cara de víctima", la que según ella, molestaba y amargaba a todo el mundo; decía que mi tristeza y aislamiento contagiaba a toda la familia. Ella criticó mis encierros en la biblioteca, acusándome de pretender hacer creer de lo esforzada que era; criticó mi timidez calificándome de amargada. Ella siempre juzgó de manera negativa mi forma de vestir, mi peso, mis gestos, estaba criticándome todo el tiempo.
Sus pretextos para regañarme iban en aumento y me ponía en vergüenza ante los demás. Fueron por estas actitudes que me alejé de ella. La sentí tan lejana, a pesar de ser mi madre, la sentí como ser extraño.
Yo me pregunto ¿Cómo una madre sabe que le violan a su hija, y luego puede defender a ese monstruo y hasta acosarse con el?