Hemos olvidado tantas cosas en esta prisa con la que vivimos, que hasta observar las estrellas es algo que ya mucha gente no hace. La contaminación lumínica, ( en las ciudades en que hay luz por supuesto) es cada vez más devastadora, y por eso, mucha gente ya no puede ver las estrellas durante una noche oscura.
Hace poco, leyendo un artículo de la revista National Geographic pude comprender que este tipo de contaminación tiene un efecto terrible en las ciudades en que son muy iluminadas, pues muchos pajaritos y otros animales, ven cambiar su ritmo biológico, porque se confunden con la luz artificial, al pensar que es de día, aún siendo de noche.
"En muchas ciudades, parece que el cielo se ha quedado sin estrellas, las cuales han sido sustituidas por una bruma vacía que refleja nuestro miedo a la oscuridad y recuerda el fulgor de una apocalíptica novela de ciencia ficción. Nos hemos acostumbrado tanto a esta omnipresente bruma naranja que la antigua gloria de las noches oscuras –tan negras que el planeta Venus proyectaba sombras sobre la Tierra– está mucho más allá de nuestra experiencia, casi más allá de la memoria. Y aun así, por sobre el pálido cielo raso de la ciudad, se extiende el universo: un fulgurante racimo de estrellas, planetas y galaxias que brillan en una oscuridad de apariencia infinita.
Hemos alumbrado la noche como si fuese un terreno baldío, lo que no podría estar más alejado de la realidad. Tan sólo entre los mamíferos, la cantidad de especies nocturnas es asombrosa. La luz es una fuerza biológica poderosa; funciona como un imán para muchas criaturas. Su influencia es tan poderosa que los científicos sostienen que las aves canoras y las marinas son “encandiladas” por reflectores en tierra o por la luz de las balizas de gas de las plataformas petroleras marinas, lo cual las hace dar vueltas y vueltas hasta que caen. Al migrar de noche, las aves son proclives a chocar con edificios altos y muy alumbrados", dice el escrito de National Geographic, escrito por: Verlyn Klinkenborg.
!Hay mami, aquí no tienes porqué preocuparte tanto, pues como la luz no llega núnca!, me dijo mi hijo Hugo Leonel, al ver la gran preocupación que tenía su madre por todos los animalitos que están sufriendo debido a la contaminación lumínica, en otras partes del mundo. Su ocurrencia provocó en mí una gran carcajada. Es cierto le dije: "Cómo aquí nunca hay energía, podemos ver las estrellas!