Este es el rostro de Dionisio,un verdugo. Un hombre que salía a predicar la palabra de Dios por el barrio Lucerna. Un supuesto Pastor que en nombre de Dios, presuntamente violaba y maltrataba a 38 niños a los que había prometido cuidar en un "albergue", en Santo Domingo Oriental. La muerte de Florián Feliz,(el capo más famoso del país, en una Cárcel que se considera modelo), ha opacado la monstruosidad de Dionisio, quien decía ser un narcotraficante arrepentido, y por eso hacía el "bien" a los niños, acogiéndolos en una casa, que también funcionaba para hacer cultos evangélicos y ocultar que era un antro de perdición.
MIRA EL VIDEO DE UN REPORTAJE QUE HICIMOS AQUI
En esta casa, según los vecinos, siempre había música a todo volumen, un reguetton cristiano, quizás para "acallar los gritos de los niños y adolescentes, por las vejaciones a que eran sometidos", según contaron dos adolescentes a las magistradas que llevaron el caso. Ayer, un hombre que es doctor y vecino de los niños, con edades entre los once y siete años, dio un testimonio que me dejó perpleja: "Un día uno de los niños escapó del lugar y gritaba "me quieren matar, me van a hacer daño"...pero dos de los adolescentes más grandes lo cargaron y lo entraron a la fuerza de nuevo". Cosas como esas no pueden seguir pasando en mi país, al menos yo me niego a quedarme callada. Por eso aquí publico la fotografía del pastor de la Cueva de Abdulán, que así se llamaba aquel infernal lugar donde más de ocho niños fueron violados.
lunes, 18 de mayo de 2009
El rostro de Dionisio, el pastor abusador
Este es el rostro de Dionisio,un verdugo. Un hombre que salía a predicar la palabra de Dios por el barrio Lucerna. Un supuesto Pastor que en nombre de Dios, presuntamente violaba y maltrataba a 38 niños a los que había prometido cuidar en un "albergue", en Santo Domingo Oriental. La muerte de Florián Feliz,(el capo más famoso del país, en una Cárcel que se considera modelo), ha opacado la monstruosidad de Dionisio, quien decía ser un narcotraficante arrepentido, y por eso hacía el "bien" a los niños, acogiéndolos en una casa, que también funcionaba para hacer cultos evangélicos y ocultar que era un antro de perdición.
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En esta casa, según los vecinos, siempre había música a todo volumen, un reguetton cristiano, quizás para "acallar los gritos de los niños y adolescentes, por las vejaciones a que eran sometidos", según contaron dos adolescentes a las magistradas que llevaron el caso. Ayer, un hombre que es doctor y vecino de los niños, con edades entre los once y siete años, dio un testimonio que me dejó perpleja: "Un día uno de los niños escapó del lugar y gritaba "me quieren matar, me van a hacer daño"...pero dos de los adolescentes más grandes lo cargaron y lo entraron a la fuerza de nuevo". Cosas como esas no pueden seguir pasando en mi país, al menos yo me niego a quedarme callada. Por eso aquí publico la fotografía del pastor de la Cueva de Abdulán, que así se llamaba aquel infernal lugar donde más de ocho niños fueron violados.
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