martes, 2 de septiembre de 2008

La historia de un polizon

Ramón Aridio, me abordó con esa sonrisa tan linda y con una simpatía sin igual que fue difícil no interesarme en lo que quería decirme. Enseguida hice un alto en el camino para escuchar su testimonio de vida. Si hubiese sido yo una periodista odiosa, me habría perdido una gran historia para contar...Me contó que hace unos años se fue de polizon en un barco de matrícula panameña. El viaje fue largo y terrible para el. Para que no lo descubrieran estuvo escondido en un área fría y oscura del barco. Sus piernas se congelaron de tal manera, que hubo que amputarlas en un hospital de Alaska, a donde fue llevado de urgencia por los tripulantes del barco para salvar su vida. Después de meses en el hospital, fue deportado a República Dominicana donde llegó sin las dos piernas y con los sueños rotos. "Dios tiene un propósito para mí", dice convencido. Sólo el sabe que ha pasado por pruebas muy duras en la vida, pero ha sabido sobreponerse. En este país, tras mucho batallar le colocaron las prótesis. Fue así como comenzó a vivir de nuevo. Me cuenta, que está estudiando el cuarto de bachillerato. "Quiero ser un ejemplo de superación para los jóvenes que están pidiendo en las calles". Vamos a darle seguimiento a su historia personal, y luego les cuento. El piensa que se puede y yo lo creo tambien.

1 comentario:

ferzvladimir dijo...

vivimos en el pais de las maravillas, este muchacho se fue de forma ilegal, buscando un futuro mejor para el y su familia, sus sueños de rompen, fracasa y para colmo pierde las piernas. a este muchacho nadie le hace caso, la gente le huye y mas cuando sabe su historia, pensando que es un delincuente, pero si es una persona que viene con exitos, como los atletas que participaron en las olimpiadas, que insisto, no recibieron ningun tipo de apoyo, vemos personalidades como el presidente de la republica y comunicadores de diferentes programas de television haciendo fila para untarse, el exito consechado por dicho personaje. asi es el dominicano y es apenante que solo tengamos las manos abiertas para lucrarnos nosotros mismos, cuando nos conviene.