viernes, 10 de julio de 2009

El crimen de los flamboyanes secos

Siempre que veo un flamboyan florecido no puedo evitar recordar a mi querida amiga Itania María. Ella ama estos hermosos árboles, que embellece todo, aunque sea esta casita vieja, como ves en ésta fotografía tomada por Michelle Brea. Pienso que Ita ama estos árboles, quizá, porque es tan alegre y bella como los flamboyanes. Hoy, la recordé mucho más cuando vi la noticia de que la "Secretaría de Estado de Medio Ambiente presentó ante la Procuraduría de Medio Ambiente al administrador de Galerías Comerciales de Naco, que secó unos cuatro árboles del flamboyán de la avendia Tiradentes", sin tener el permiso. Es increíble que a estas alturas donde se supone que todos debemos cuidar nuestros recursos naturales un gorila se dedique a secar los bellos flamboyanes quién sabe para qué rayos?? Ya es tiempo de que demos una lección a gente como esta. !Caramba! es increible...la periodista Itania Maria, sintio mucha indignación y con razón. Esos flamboyanes hermosos deben ser cuidados y preservados por todos, sim importar el dinero que tenga la persona que ha cometido este crimen. Un militar del Servicio Nacional de Protección Ambiental de Medio Ambiente mostró dos de los huecos abiertos en las raíces de uno de los árboles. Los flamboyanes secos contrastan con los demás, en pleno proceso de floración. Algunos aún no se han secado por completo. LEE EL CUENTO QUE ESCRIBIO RIAMNY MENDEZ, SOBRE EL HOMBRE QUE NO PODÍA REIR CON RELACIÓN A ESTE TRISTE CASO. AUTORA: PERIODISTA RIAMNY MÉNDEZ. Para el administrador de Galerías Comerciales Naco, Genaro González García, sometido a la Justicia por Medio Ambiente por envenenar cuatro árboles de framboyán. Era un hombre tan triste que había olvidado como llorar. Se enojaba con la belleza de las flores y asesinaba, en secreto, a los árboles que cada año llenaban de un rojo cálido el aire de la ciudad. Los árboles de la felicidad lo conocían y temblaban ante su presencia. Nadie los cuidaba de la mano que, aprovechando la falta de iluminación de las calles de Santo Domingo, les quitaba la vida o los dejaba tan heridos que nunca más volvían a ser los mismos. Por temor al asesino de árboles de la felicidad, las pobres plantas decidieron un día dejar de florecer en Santo Domingo. Las mayores transmitieron a las pequeñas la decisión que había tomado el gran consejo: ninguna florecería en la Capital. Cuando llegó la estación de las flores, los árboles estaban secos y marchitos. Pero si las personas hubiesen podido mirar por debajo de las raíces, se habrían enterado de que las plantas regalaban sus flores a los insectos terrestres que agradecidos les hacían una fiesta a las flores. El asesino de los árboles de la felicidad lloraba a cántaros. No sólo porque no tenía árboles a quienes matar, oficio con el que le había dado sentido a su vida, sino también porque descubrió de pronto, que las flores a las que odiaba, eran la única alegría que le quedaba en la vida. Y lloró. Pero los árboles que sólo oyen a las personas a través de las flores no lo escucharon y nunca más volvieron a llenar el aire con su cálido color que dejaba destellos de alegría que duraban todo el año. Desde entonces, Santo Domingo es la capital más gris de América.

3 comentarios:

lagitti dijo...

Hay que boicotear esa plaza.

Timoteo Estevez dijo...

eso es lo peor, yo también lo condeno, es muy triste saber que matan esos arboles tan bonitos que alegran nuestro espíritu con ese hermoso color...

hay mejor que sembrar y cuidarlos...

Anónimo dijo...

Lo triste del caso es que en este caso se va a corroborar el refran "papeleta mato a menu" pues ese criminal le pondra unos pesos a los jueces y adios Lola. Debieran ponerle como pena que tenga que sembrar, sin ayuda 300 arboles de los mismos en todo el territorio nacional.